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SECUESTRO EXTORSIVO DE MENORES Y VIOLENCIA DE LA MUJER HACIA SUS EXPAREJAS E HIJOS, UN EFECTO BOLA DE NIEVE

El que tiene la custodia, tiene el poder.

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Los casos de violencia intrafamiliar contra los hombres han venido en aumento en Colombia y se evidencian mucho más en parejas separadas que están por definir su divorcio, separación de bienes y custodia de sus hijos, quienes quedan en el medio del conflicto y sufren graves secuelas psicológicas.

Bogotá, abril de 2021-. La violencia intrafamiliar está ‘carcomiendo’ la sociedad en todos los sentidos y se está viendo un efecto bola de nieve. Según distintos estudios realizados a nivel mundial, la violencia ya no es solo de los hombres hacia las mujeres. Ahora también, es ejercida por ellas hacia sus parejas, con graves secuelas psicológicas en los hijos y sus exparejas.
Para no ir más lejos, en ciudades como Cali, según la Policía metropolitana de esa ciudad, se reciben cerca de 50 llamadas semanales relacionadas con violencia intrafamiliar y de acuerdo con el Observatorio de Salud Mental de la Secretaría de Salud de la capital vallecaucana, el 21% de las víctimas son hombres. En Medellín, en los últimos cinco años, el 82% de las denuncias por esta misma causa han sido hechas por mujeres y el 18%, por hombres; y en el departamento del Huila, durante los seis primeros meses del 2020, se denunciaron 2.444 casos de violencia intrafamiliar de los cuales, 747 de las víctimas fueron hombres.
Como lo demuestran las cifras, los casos de violencia intrafamiliar contra los hombres han venido en aumento en los últimos años y son más evidentes cuando las parejas están en proceso de separación o ya se divorciaron, y está por definirse la custodia de los hijos o ésta ya quedó en poder de la mamá.

Así, por ejemplo, después de que Juan Manuel Álvarez se separó de su esposa, comenzó su drama, pues ella le niega a él y a toda su familia, el derecho de tener contacto con sus dos hijos, que le fueron arrebatados con miles de artimañas, según cuenta. “Desde 2015 pasé de ser un padre amoroso a un litigante experto en derecho, tanto en Colombia, como fuera del país donde vivo con mi actual familia. Mi nombre e imagen se vieron seriamente lesionados. En los últimos años he tenido que defenderme de toda clase de demandas infundadas, además de persecución social, legal, económica, laboral y psicoemocional.

Me quisieron matar en vida, he sufrido mucho a través de los años pues gracias a las demandas de mi exesposa fui tachado de mala persona y me vi obligado hasta a cambiar de círculo social, lo cual no me duele tanto como el no poder ver, disfrutar y compartir con mis hijos quienes están secuestrados emocionalmente, todo este tiempo he tenido que rogar, por medio de abogados, para que me permitan verlos y ha sido imposible. Todavía tengo que probar mi inocencia para ser parte de sus vidas. Necesito que ellos me vean, me escuchen, entiendan que no soy el hombre que les pinta su mamá y que quiero compartir con ellos mi amor de padre y cada una de sus actividades”.

Ante el incremento de casos, actualmente, existen varias instituciones y fundaciones a nivel nacional que ofrecen orientación a los padres que se han visto afectados. La fundación Otra Sociedad Posible ha desarrollado la campaña “mamá, déjame ver a papá” que busca visibilizar los casos de padres que se han visto involucrados en situaciones de violencia intrafamiliar en los que les han sido arrebatados sus hijos de forma temporal o definitiva. Algunos de los padres, afirman haber estado separados de sus pequeños por más de 30 años, como es el caso de Mario Germán Echeverri, quien solo después de tres décadas pudo restablecer la relación con ellos. La lucha es constante, el temor a que las autoridades den prelación a la mujer hace que los hombres prefieran no denunciar.

Daniel Gómez-pulgarín, director de la fundación OSP, Otra Sociedad Posible, afirma, “no estamos hablando solo de vulneración a los derechos de los niños, sino también de amenazas de muerte, con el consecuente exilio fuera del país para el padre y su familia. En los estratos más altos hemos evidenciado la utilización de la extorsión, los sobornos, la presión hacia los jueces o comisarios de familia como método de chantaje, al mejor estilo de los capos del narcotráfico.

WhatsApp Image 2021 04 15 at 12.18.19 PM 1                           En la foto, Juan Manuel Álvarez con su familia actual. Espera el regreso de sus otros dos hijos, David y Manuela.


“Con el fin de evitar el contacto padre/hijo, mi esposa ha empleado algunos argumentos como: tu padre está muerto, en otro país, es un delincuente y está en la cárcel, no te quiere, tiene otra familia. La falsa información es usada para lograr la custodia de mis hijos… he muerto social, laboral y emocionalmente y gracias a las mentiras he tenido que reinventarme, nueva familia, nuevos amigos, nueva vida, como el peor de los delincuentes ¿hasta cuándo tendré que sufrir este flajelo”, afirma Juan Manuel Álvarez.

De acuerdo con Gómez-Pulgarín, “existen casos en que las madres buscan intimidar a los padres de sus hijos durante las visitas, sacándolos de su zona de confort y empleando cámaras durante los encuentros, con lo cual coaccionan el comportamiento del progenitor y someten a los niños a una serie de conductas y patrones propios de la manipulación alejados de lo que debe ser un contacto de amor entre padre e hijo”.

Óscar Echeverri es otro ejemplo. Hace siete años no ve a su hija, que este año cumple 10. Solo la ha podido ver en redes sociales, cuando su expareja sube fotos, que le muestran sus amigos. “Es una tristeza. No me la deja ver y me convertí en cajero automático; pero así, como la niña tiene derecho a una mensualidad, también tiene derecho a tener un papá. Con tristeza veo cómo las autoridades colombianas avalan estas situaciones y dejan a muchos niños sin padre. La ley no nos favorece. El camino es muy difícil para el hombre. Solo me resta esperar que la divina providencia permita que cuando mi hija sea mayor de edad, me busque y me escuche para que pueda entender muchas cosas, porque cuando uno habla con la verdad y se habla desde el amor, todo sale a la luz”, dice.

Durante la investigación realizada y que guía la campaña “Mamá déjame ver a papá”, afirma Gómez-Pulgarín, se logró evidenciar que existen casos, en los que algunas mujeres tienden a ver a sus hijos como una pensión vitalicia.

Esta situación se presenta en todos los estratos y la custodia pasa a ser un instrumento financiero para mejorar una estabilidad económica. Así, por ejemplo, llama la atención el caso de una pareja de Cali en el que la mujer demandó a su exesposo para buscar la custodia de sus hijos y al mismo tiempo una pensión vitalicia para ella por más de 25 millones de pesos, afirma Gómez-pulgarín. La custodia, en estos casos pasa de ser un asunto de bienestar de los niños a ser un secuestro emocional y extorsivo.

Historias de esta clase se han vuelto recurrentes, pues en situaciones de separación es muy usual que “los padres tomen a los hijos como botín de guerra. Generalmente, el que tiene la custodia tiene el poder sobre el otro e inculca “falsas memorias” en los niños. Además, también estamos viendo cómo los padres alienados presentan problemas con su autoestima, de adaptación en sus trabajos, en sus relaciones sociales y en muchos casos terminan por aceptar la pérdida de sus hijos”, según la psicóloga forense Martha Ospino.

“A la hora de pelear por la custodia de los hijos, las mentiras afloran y las mujeres son más estrategas para dejarse ver como víctimas. Ante los estrados, ellas tienen más posibilidades de que les crean sus historias, el hombre tiende a verse afectado en su hombría, se siente derrotado más fácilmente y termina apartado de sus hijos, limitando su contacto a ser solo un proveedor. Algunos solo vuelven a tener contacto con sus hijos cuando ya son adultos”, de acuerdo con el psicólogo Iván Darío Cabrera.

Con respecto a la pregunta, ¿Por qué cree que este fenómeno a nivel doméstico se denuncia poco, tanto en el caso masculino como el femenino? ¿qué cifras maneja la Secretaría de integración Social de Bogotá al respecto? la Secretaría responde: Debe tenerse presente que las personas suelen estar permeadas por un modelo sociocultural y familiar en los que predomina la unidad familiar por encima de los derechos individuales de los miembros de la familia. Es por esta razón que muchos eventos violentos se asumen como episódicos y propios de las relaciones familiares, instaurándose una pauta violenta que en muchos casos anula la capacidad de respuesta y de denuncia. Igualmente, persiste una división de lo público y lo privado en muchas de las familias, donde se concibe que los problemas se deben solucionar en el seno del hogar.
Como ya se mencionó, no existen registros del ‘no denuncio’, sino del denuncio. Este último, como se señaló en la primera respuesta, registra que, de enero a diciembre de 2020, el número de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar ascendió a 22.044, 7763 hombres y 32 intersexuales. (Fuente: Sistema de registro de beneficiarios - SIRBE. Tablero de control con corte a diciembre de 2020). De enero a diciembre de 2020, la recurrencia porcentual por tipo de violencia muestra que la principal causa es la violencia psicológica con una presencia del 52%, seguida por la violencia física en el 39%. (Fuente: Sistema de registro de beneficiarios - SIRBE. Tablero de control con corte a diciembre de 2020).
En Bogotá la localidad con más casos de violencia intrafamiliar es Bosa con un 13,64%, seguido por Kennedy con un 13,47% y Suba con un 11,95%. (Fuente: Sistema de registro de beneficiarios - SIRBE. Tablero de control con corte a diciembre de 2020).
En cuanto al número de casos que se dirigen a la Fiscalía corresponde al 100% de los que atienden las Comisarías de Familia, toda vez que, por disposición legal, las Comisarías de Familia deben dar traslado de los hechos de violencia intrafamiliar a esa entidad, para la investigación del delito.

¡Hijos, los más perjudicados, en medio del conflicto!

De acuerdo con el psicólogo clínico, Iván Darío Cabrera, cuando las mujeres alejan a sus hijos de su expareja o les mienten acerca de él, podrían estar llevando a los pequeños a desarrollar problemas psicológicos, físicos, sociales y emocionales, muy serios que pueden afectar su desempeño en el día a día, e inclusive, poner en riesgo su vida.

Este distanciamiento también hace “que los niños pierdan un modelo a seguir y un apoyo para su sano desarrollo. Pero también pueden surgir situaciones de alienación y sustracción parenteral de menores, o lo que es igual, la separación forzosa entre un hijo y su padre o madre, sin sustento legal y con artimañas, coartando así los derechos y deberes del menor y del progenitor apartado”, afirma Cabrera.

En las notarías de Colombia, por ejemplo, se presentan al año en promedio más de 22 mil divorcios y cerca de 52 mil conciliaciones que implican obligaciones con los hijos. Entre estas situaciones se encuentra una, que es probablemente la de mayores consecuencias negativas en los niños y niñas durante estos procesos contenciosos, precisamente, la Alienación Parental.

Este fenómeno surge principalmente en las disputas por la custodia en los casos de divorcios conflictivos. Alude al maltrato psicológico a los propios hijos realizado por parte de uno de sus progenitores para que odie al otro progenitor y rompa todos los lazos con él. Las consecuencias para los menores son dramáticas en su desarrollo y su salud. Varios investigadores concuerdan en que la alienación parental es un tipo específico de maltrato infantil, considerado como de violencia en contra de los menores.

Se estima que el 25% de los niños y adolescentes que experimentan rupturas de alto conflicto presentan alienación parenteral. Estos pequeños manifiestan un elevado rechazo a contactarse con el progenitor que no vive con ellos, así como una imagen muy deteriorada del padre y de su entorno familiar a quienes perciben como malos, constituyendo evidencias de un acto violento de agresión que causa profundo daño emocional, un tipo de maltrato y violencia aún no contenido en los manuales de violencia intrafamiliar actuales.

En estos casos también se presenta la sustracción interparental, que es asumida por las comisarías de familia en Colombia, como la vulneración del derecho de los niños, niñas y adolescentes a tener una familia. Cuando se produce en un contexto de violencia intrafamiliar es tipificada por la ley colombiana como delito autónomo, denominado Ejercicio Arbitrario de la custodia. Este delito está contemplado en el artículo 230 A del Código Penal, reformado por la Ley 890 de 2004: “el padre que arrebate, sustraiga, retenga u oculte a uno de sus hijos menores sobre quienes ejerce la patria potestad con el fin de privar al otro padre del derecho de custodia y cuidado personal, incurrirá, por ese solo hecho, en prisión de uno (1) a tres (3) años y una multa de uno (1) a dieciséis (16) salarios mínimos legales mensuales vigentes.
Los menores involucrados en los conflictos en los que se enfrascan sus padres también son víctimas de un tipo de ‘secuestro emocional’ y tienden a presentar diferentes clases de trastornos: de sueño, alimentación, cambios de conducta como comportamiento agresivo, de evitación, utilización de lenguaje adulto, dependencia emocional, farmacodependencia, estrés postraumático, problemas con su identidad sexual, dificultades en la expresión y comprensión de emociones”, puntualiza la psicóloga Ospino.
La campaña “mamá, déjame ver a papá” ha logrado recopilar una base de datos de casos en los que se les vulnera los derechos a los niños a tener una familia, con argumentos como: papá es malo, mamá es mala, tus abuelos no te quieren, tus tíos son peligrosos para ti, lo que hace que los niños no solo se alejen, sino que además teman y odien a la familia del otro progenitor. Imposibilitando de esta manera la construcción de cualquier relación de afecto y amor.

Secuestro emocional internacional de menores

Gómez-pulgarín afirma: “en la actualidad tenemos el caso de Juan en el que la madre de sus hijos buscó la forma de evadir leyes internacionales, sacó a los menores de su país de nacimiento y los llevó a otro en el que no es fácil para el progenitor poder visitarlos. Las madres tienden a cambiar frecuentemente de domicilio para que su padre no los pueda ubicar hasta que el rastro se pierde completo, los padres se convierten solo en proveedores económicos. Así se empieza a tipificar conductas propias de secuestro internacional de menores, que tardará varios años en demostrarse y repararse”.

“El tiempo en el que los niños deberían haber compartido conmigo y con su familia paterna para formar una red de amor, no lo recuperaré jamás”, afirma Juan.

Falsas denuncias

De acuerdo con Gómez-Pulgarín, “es muy difícil saber cuál es el progenitor que está diciendo mentiras, porque cada uno tiene su propia verdad, lo que realmente sabemos es que los más perjudicados siempre son los niños.
Tanto hombres y mujeres arguyen casos de violencia intrafamiliar, física, verbal, emocional, psicológica, sexual, entre otras, muchas veces motivadas por momentos de rabia y el deseo de tener y mantener la custodia de sus hijos. El temor a perderlos los obliga a inventar o agrandar situaciones propias de una convivencia familiar desgastada. Solo con los años se comprueba la mentira. El sistema jurídico colombiano debe generar rutas de atención crítica para escuchar tanto a madres como a padres y evidenciar las pautas propias de la alienación parental de manera temprana para que de esta manera no se desconozcan los derechos de los niños.

 

 

 

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